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Por LAVOZPARAGUAYA@GMAIL.COM
Un italiano, el Mons. Alberto María Careggio, obispo emérito de la diócesis de Ventimiglia y Sanremo, expresó un dato que los organismos estatales e internacionales suelen omitir:
«existe un virus que hace mucho tiempo se arrastra en el mundo. Hay una gran pandemia que nadie osa apuntar: seis millones de abortos legalizados en el planeta todos los años».

Esta afirmación es ciertamente una realidad sin posibilidad alguna de negar.
Ahora bien, cuánto tiempo durará la pandemia del coronavirus, no es posible saber, ni por cuántos días todavía tendremos que oír el boletín de las supuestas muertes por el COVID19, los infectados y los recuperados. ¿Qué ocurriría si lo mismo fuese hecho para los más de seis millones de abortos legalizados en todo el mundo? Esa también es una pandemia que mata la consciencia de aquellos que la practican y la de los gobernantes que, al legislar, pretenden eliminar el horror del asesinato.

Legalización del aborto no significa moralización del aborto.

Legalizar no significa absolutamente moralizar una acción que es contra la vida: se dice popularmente que [el aborto] clama por venganza delante de Dios; ¡y es bien así! El heroísmo de todos aquellos que hacen lo posible para salvar la vida de otras personas con el riesgo propio es más edificante. Eso enuncia que el mal no tiene la última palabra. De la catástrofe y los escombros de esta pandemia, debemos esperar el despertar de esos valores humanos y cristianos, de amor y solidaridad, de altruismo y generosidad, de compasión y ternura, adormecidos, pero no desaparecidos: son y continúan siendo la marca de la mano de Dios que él quería crear al hombre a su imagen, semejanza y sueños de nuevos hombres para una nueva sociedad.

#Lavozparaguaya
#NoAlMarxismoCultural
#GLOBALISMO

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